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Hace un tiempo nos hacíamos eco en este blog del abandono por parte del equipo de fútbol americano de la ciudad de Washington D.C. de su tradicional nombre. La presión realizada por diversos grupos de defensa de los indígenas americanos (que consideraban que el nombre “pieles rojas” –redskins- tenía connotaciones racistas) terminó haciendo mella no sólo en el club sino especialmente en sus patrocinadores, los cuales amenazaron con resolver sus respectivos contratos a no ser que se produjera un cambio en la denominación del club. Como consecuencia de ello, la entidad abandonó la denominación que había utilizado desde 1933 y adoptó transitoriamente el nombre Washington Football Team.

Esta decisión implicó un evidente impacto financiero para la entidad. En efecto, la marca “Redskins” se había convertido en uno de los activos más relevantes del club, reportándole cuantiosos ingresos su explotación en multitud de productos y servicios. En este contexto, el nuevo y, en teoría, transitorio nombre del club se convirtió en un sustituto que demostró tener atractivo (aunque no tanto como su predecesor), permitiendo el mantenimiento del valor global de la entidad (según Forbes.com) y asegurando durante la temporada 2020-2021 más de 220 millones de dólares de ingresos derivados directamente de la explotación de la marca “Washington Football Team”. De hecho, el éxito de este nuevo nombre ha llevado incluso a plantear la posibilidad de que se convierta en la nueva denominación definitiva de la entidad.     

Como es lógico, la sociedad gestora de la explotación comercial de los activos del club, Pro-Football, Inc., consciente del valor del nuevo nombre del equipo, procedió a solicitar en julio de 2020 su registro como marca para numerosos productos y servicios ante la oficina estadounidense de patentes y marcas (USPTO). Ese registro debía servir para asegurar la adecuada explotación del nuevo nombre de la entidad hasta que se decidiera una nueva y definitiva denominación, o incluso si Washington Football Team se confirmaba finalmente como el nuevo nombre del club.

La sorpresa (y nueva estación dentro del vía crucis del equipo de la capital estadounidense para asegurarse un nombre definitivo) ha sido que la USPTO ha notificado recientemente el rechazo provisional de la solicitud de marca basada en el nombre “Washington Football Team”, otorgándole a la solicitante -según las informaciones publicadas al respecto– un plazo de seis meses para presentar argumentos que convenzan de lo contrario a la USPTO.

Para ello, Pro-Football, Inc. deberá ser capaz de aportar argumentos para resolver los dos problemas que, según se desprende de las noticias publicadas sobre el tema, la USPTO ha planteado respecto de su solicitud de marca.

El primero de ellos consistiría en el carácter supuestamente genérico de la denominación solicitada como marca. En efecto, a criterio de la USPTO, el nombre “Washington Football Team” no tendría un valor distintivo suficiente para restringir su uso exclusivamente a favor de la solicitante.

Esta primera cuestión debería poderse resolver fácilmente, con la aportación de pruebas confirmando que la denominación que compone la marca solicitada corresponde e identifica efectivamente a la entidad solicitante de la marca. Esta meta debería ser razonablemente sencilla de cumplir, atendiendo a la masiva difusión de la denominación “Washington Football Team” realizada durante más de una temporada tanto por el equipo como por los medios de comunicación y otros canales que cubren el campeonato de fútbol americano en el que participa el club. En caso de aportarse dichas pruebas, parecería difícil que la USPTO pudiera seguir considerando que el nombre solicitado como marca no sólo identifica a la solicitante, sino que se ha convertido en una denominación renombrada.

El segundo problema que habría planteado la USPTO parece de mayor dificultad. En efecto, la oficina estadounidense ha considerado que la marca solicitada es confusamente similar con otra marca ya concedida y que se basa en la denominación “Washington Football Club”. Dicha marca, fue concedida en 2015 y se registró en clase 25, cubriendo ropa deportiva, gorras y sombrerería.

Lo paradójico de este segundo problema es que el titular de la marca que bloquearía la concesión a favor de Pro-Football, Inc. resulta ser una sociedad propiedad de un aficionado del propio equipo de Washington llamado Martin McCaulay.

En efecto, conforme a lo que ha declarado a los medios de comunicación, dicho aficionado tiene por “afición” (en sus propias palabras)  el registro de marcas que podrían corresponder al nuevo nombre que el equipo de fútbol americano de Washington DC pudiera adoptar. Así, el Sr. McCaulay es titular, entre otras, de marcas como Washington Americans, Washington Senators, Washington Bravehearts, Washington Veterans, Washington Pandas… y Washington Football Club.

Este hecho, sin lugar a dudas, dificulta significativamente una solución que no pase por un acuerdo con el titular de la marca preexistente. A modo de ejemplo, a fin de diluir el riesgo de un eventual cuestionamiento del uso efectivo de la marca “Washington Football Club”, el Sr. McCaulay ha empezado a publicar mensajes en sus redes sociales confirmando el envío de productos con la marca en cuestión. De un modo similar, su abogado ha invitado, a través de Twitter, al equipo de Washington a negociar con su cliente una solución a la eventual denegación de su marca, poniendo de manifiesto las dificultades que podrían derivarse en caso contrario.

Al final, quizás todo este problema queda reducido a una tormenta en un vaso de agua. Así sería si el equipo termina decidiendo utilizar un nuevo nombre distinto a “Washington Football Team”. No obstante, hasta entonces (o si finalmente se decidiera confirmar ese nombre como el definitivo), riesgos tan significativos como no poder impedir que terceros comercialicen productos basados en esa denominación (si es que la solicitud de marca finalmente se denegara) seguirían conviviendo con el día a día en la gestión de la entidad.

Autor: Albert Agustinoy Guilayn

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