Redskins

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Los Washington Redskins habían sido tradicionalmente un equipo de primer nivel, habiéndose coronado hasta tres veces como campeón de la NFL. No obstante, desde hace años su desempeño deportivo ha sido pobre: ganaron su último partido de play-offs hace quince años y en la última década, en términos generales, ha sido un equipo que no ha parado de enlazar decepciones.

Aún así, sigue siendo un equipo popular y seguido (incluso por quien escribe). El presente mediocre se une con un pasado remotamente glorioso a través de un elemento clave: el nombre, logo y colores del equipo. Pero ni tan sólo en ese aspecto los Redskins han tenido una vida sencilla.   

En efecto, las constantes decepciones deportivas de la franquicia se han visto acompañadas de un tiempo a esta parte por un conflicto que cuestionaba la propia identidad del equipo. En efecto, en pasadas entradas de este blog se hizo referencia al conflicto que rodeó al uso de la marca “Redskins”. Dicho conflicto se centraba en el supuesto carácter ofensivo del término en cuestión, al poder suscitar connotaciones racistas.

El club defendió duramente su derecho a llamarse “Redskins”. De hecho, la batalla legal escaló hasta el Tribunal Supremo de Estados Unidos, el cual en una sentencia de junio de 2017 estableció que la Oficina de Patentes y Marcas estadounidense no estaba habilitada para cancelar marcas que hubieran devenido, a su juicio, ofensivas. Se trató de un largo conflicto que requirió de una fuerte inversión en tiempo y recursos, lo cual tenía pleno sentido para el equipo estadounidense.

En efecto, según estudios recientes, el equipo es la quinta franquicia más valiosa de la NFL y la decimocuarta entidad deportiva de mayor valor a nivel mundial, con una valoración de más de 3.400 millones de dólares. Para podernos hacer una idea de la magnitud de dicha valoración, téngase en cuenta que, según dichos estudios, el Real Madrid tiene una valoración de 4.240 millones de dólares y el Fútbol Club Barcelona de 4.020 millones.

Según se ha indicado, uno de los activos más valiosos de la entidad ha sido tradicionalmente su marca “Redskins”. En efecto, el equipo había venido utilizando dicho nombre y su correspondiente logo desde el 8 de julio de 1933, habiéndose consolidado a lo largo de más de ochenta años no sólo como el elemento identificativo clave del equipo, sino en un activo comercial de primer nivel. Imaginemos en este sentido lo que supone para el Real Madrid o el Fútbol Club Barcelona el uso comercial de sus respectivos escudos y nombres.

En este contexto, la sorpresa llegó el 13 de julio de 2020: el equipo anunció que, tras días de consideración, había decidido dejar de utilizar el nombre “Redskins” así como el logo de la entidad. Es decir, tras años de batalla legal e incluso tras una sentencia del Tribunal Supremo confirmando la viabilidad legal de la marca, la entidad decidió desprenderse del nombre que le había acompañado durante más de ocho décadas (y que le generaba ingresos millonarios año tras año).

A nadie se le escapa que esta decisión tiene su origen en los movimientos civiles en Estados Unidos, derivados de la trágica muerte de George Floyd en manos de la policía de Minneapolis. El descontento por motivos raciales se ha extendido a múltiples aspectos, llegando a aspectos tan dispares como la revisión de términos geográficos, la conveniencia del mantenimiento de determinadas estatuas o elementos conmemorativos en el espacio público o incluso la discusión de figuras históricas incuestionables hasta hace poco.

La paradoja en este caso parece obvia: mientras la marca Redskins sobrevivió a un exigente análisis legal, no ha podido superar el envite de una reacción social airada contra referentes considerados -desde una perspectiva actual- ofensivos.

De hecho, la paradoja es doble: la retirada de la marca no respondió a presiones sociales, sino esencialmente financieras. En efecto, según se ha reconocido desde el propio club, la decisión de retirar el nombre y logo del equipo tuvo su origen en la amenaza por parte de los principales patrocinadores y socios comerciales del equipo, los cuales advirtieron que cesarían sus lucrativas contribuciones al club si no había un cambio de nombre de la entidad. Es decir, la alarma social vinculada a un nombre supuestamente ofensivo se convirtió en un potencial riesgo económico para compañías que, en principio, estaban dispuestas a invertir mucho dinero para poder asociarse a una entidad deportiva popular.

El caso de los Redskins no es único. Los Cleveland Indians, club de béisbol profesional, han anunciado que está considerando cambiar de nombre por razones parecidas a las que han llevado al equipo de Washington a abandonar su marca. Los Atlanta Braves, igualmente integrantes de la liga profesional de béisbol de Estados Unidos, han informado que están planteándose prescindir de su logo tradicional, que consiste en un tomahawk (un hacha india). Incluso el actual campeón de la NFL, los Kansas City Chiefs está considerando prohibir a sus aficionados acudir a su estadio maquillados o disfrazados de nativos americanos.

Viendo esta reacción en cadena, no debería extrañarnos que el carácter innatamente evolutivo del orden público pase a convertirse en un elemento cada vez más relevante a la hora de juzgar el carácter ofensivo o no de una marca. No se trata de una polémica nueva. De hecho, en este blog ya se han incluido entradas sobre esta problemática, según la ha interpretado el Tribunal de Justicia de la Unión Europea. No obstante, quizás sí se está produciendo una rápida evolución hacia criterios cada vez menos tolerantes con denominaciones con connotaciones ofensivas, lo cual probablemente cristalizará en criterios interpretativos más restrictivos y apegados a una concepción social cada vez menos tolerante con este tipo de denominaciones. De hecho, ya empezamos a ver ejemplos incluso en España, con marcas que han debido actualizarse para huir de revisiones que podrían llegar a ser embarazosas bajo ese nuevo prisma social.   

En cualquier caso, lo que ya es seguro es que el equipo de fútbol americano de Washington D.C. ya no serán los Redskins. De momento, por no tener, el club no tiene ni nombre, ya que la denominación alternativa elegida por el club no ha podido ser anunciada todavía. La razón: esa nueva denominación, llamada a apagar un incendio, ha iniciado otro de proporciones todavía desconocidas. En efecto, según se ha publicado, el nuevo nombre elegido por el equipo de Washington D.C. estaría en conflicto con la marca de un tercero. Lo dicho, definitivamente hay equipos que tienen una vida difícil… incluso después de nacer de nuevo.

Autor: Albert Agustinoy

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