En el mundo de la programación informática, las APIs (Application Programming Interface) son fundamentales, pues permiten la interconexión y comunicación entre programas. Como todo aquello que es valioso, reducen costes y aportan valor: las APIs posibilitan que un programa se valga de las funciones o infraestructuras de otro para evitar que un desarrollador deba invertir recursos en encontrar una solución que ya existe y funciona. 

Quizás las APIS, su profusa existencia y su gran utilidad hayan sido desconocidas e invisibles para usted hasta leer este artículo, pero no para las aplicaciones que se descarga y usa habitualmente: con toda probabilidad habrá comprobado cómo, al descargar en su smartphone la última aplicación de moda, ésta le ha permitido registrarse y acceder a sus contenidos a través de su cuenta de Facebook. Sí, lo ha adivinado: son las APIs.

La descripción anterior viene al caso para explicar el intenso procedimiento judicial que ha enfrentado durante los últimos años a Oracle y Google ante los tribunales americanos. En 2007, Google lanzó la primera versión de su sistema operativo Android, y nunca se escondió: Android utilizaba APIs del lenguaje de programación Java. La empresa titular de Java en ese momento, Sun Microsystems, felicitó entonces a Google por la elección. Los parabienes pronto acabarían: en 2010 Oracle adquirió Sun Microsystems y, con ella, la posibilidad de entablar acciones judiciales contra Google.

Y así fue, pues poco después de la operación, Oracle demandó a Google por entender que la utilización de las APIs de Java en Android suponía una infracción de su copyright. Google, por su parte, negó en todo momento la mayor, y defendió que las APIs no podían ser en ningún caso protegibles por copyright al ser aquéllas meros lenguajes abiertos de programación que, además, resultan capitales para el desarrollo informático y para la colaboración y la innovación en el ámbito del software.

Google ganó la primera batalla, y consiguió así que en primera instancia una district court desestimara las pretensiones de Oracle y asegurara que las APIs no eran protegibles por copyright, al ser (sólo) un conjunto de símbolos utilitarios y funcionales. La decisión fue revocada en segunda instancia el pasado 9 de mayo, en una sentencia histórica y que consideró que las APIs de Java sí eran protegibles por copyright. Ayer, 29 de mayo, el Tribunal Supremo americano rechazó reexaminar el caso en casación y, así, ha dado firmeza a la decisión recaída en apelación.

Contrariamente a lo que pudiera parecer, este no es el final del pleito, sino acaso sólo su principio. A raíz de la sentencia de apelación, el caso volvió a primera instancia para que se enjuiciara, una vez declaradas las APIs como protegibles, si Google había infringido los derechos de Orcale o si, por el contrario, su uso dentro de Android está amparado por el llamado ‘fair use’, un (amplio) límite al copyright americano que faculta a utilizar creaciones protegidas en determinados supuestos sin consentimiento de los titulares de derechos.

Autor: Pablo Ramírez

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