La Organización de las Naciones Unidas reitera que el voluntariado es una forma poderosa de involucrar a la ciudadanía para hacer frente a los desafíos en materia de desarrollo. A esos desafíos atiende la Ley de Voluntariado de 14 de octubre publicada en el BOE de 15 de octubre.

Esta Ley del Voluntariado, que apuesta por un voluntariado abierto, participativo e intergeneracional, justifica su aprobación en la obsolescencia de la anterior norma -la Ley del Voluntariado 6/1996 de 15 de enero que reguló por vez primera, en el ámbito estatal, el voluntariado en nuestro país.

Desde la perspectiva jurídico-laboral, la norma tiene como objeto fijar los requisitos que deben reunir los voluntarios, el régimen jurídico de sus relaciones con las entidades de voluntariado y con las personas destinatarias de las actuaciones de voluntariado. Las principales novedades introducidas por la ley del voluntariado se sistematizan en los siguientes ejes: 

  • Nuevos sujetos de la acción voluntaria. La norma permite que las empresas y las administraciones públicas, incluso las universidades, puedan ser la contraparte del voluntariado. Hay que recordar que hasta la fecha, la contraparte natural del voluntariado eran las organizaciones sin ánimo de lucro, por lo que con esta novedad, la ley ha pretendido dar cabida a las inquietudes filantrópicas que surgen en este tipo de organizaciones. Igualmente, la ley del voluntariado abre la posibilidad a que los menores de edad presten su actividad como voluntarios e incluso es interesante destacar la figura del que podría denominarse como “voluntariado virtual”, a través de las nuevas tecnologías, sin requerir la presencia física del voluntario.
  • Nuevos retos: profesionalización de la gestión del voluntariado. La ley apuesta por un voluntariado sistematizado, y obliga a que la relación entre el voluntario y la entidad de voluntariado se materialice a través de un acuerdo de incorporación, por escrito y con un contenido mínimo, constituyendo este el instrumento regulador para definir dicha relación.

Asimismo, se establece una extensa relación de derechos y obligaciones tanto para voluntarios como para los destinatarios de la acción voluntaria (usuarios) destacando la posibilidad de que el usuario solicite la sustitución del voluntario asignado.

  • Nueva dimensión: las nuevas zonas grises. Se establecen determinadas reglas de concurrencia de los voluntarios con los trabajadores asalariados en las organizaciones donde sea posible su presencia, toda vez que la norma legitima la posibilidad de compatibilizar la condición de trabajador por cuenta ajena con la de voluntario en la misma entidad fuera de la jornada laboral.

Es interesante, en este sentido, destacar que la norma prevé mecanismos de adaptación del tiempo de trabajo (jornada) que permita a los trabajadores ejercer sus labores de voluntariado, a saber: reducción de jornada, suspensión de la relación laboral.

Con todo, la ley del voluntariado hace especial hincapié en que la realización de actividades de voluntariado en este tipo de entidades en ningún caso puede ser causa justificativa de la extinción del contrato de trabajo, vía artículos 51 y 52 del Estatuto de los Trabajadores.

En definitiva, la Ley trata de dar opción a una fuerza de trabajo, la de los voluntarios, que es deseable para los nobles fines que lo justifican, pero que no puede desplazar el trabajo por cuenta ajena. El reto de las entidades de voluntariado será evitar las situaciones de conflicto que puedan generarse y evitar que se puedan diluir los fines filantrópicos entre los fines lucrativos, máxime cuando se abre la puerta a que las empresas y las administraciones públicas participen del llamado Tercer Sector.

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