La on-demand economy -en español, “economía bajo demanda”-, responde a la constatación de que los clientes están cada vez más interesados en servicios “a la carta”. La fórmula se caracteriza porque toda la sucesión de actividades requeridas para llevar al consumidor final el producto o servicio de que se trate (I+D, producción y marketing, servicio post-venta, etc.), únicamente se activa cuando se produce la demanda y se concreta en el correspondiente acto de compra. Es decir, el producto o servicio se realiza con posterioridad a que el cliente lo haya encargado.

Una de las consecuencias del desarrollo creciente de este modelo productivo está siendo la aparición de nuevos protagonistas en el ámbito de la prestación de servicios, particularmente al socaire del nacimiento de aplicaciones y plataformas online que actúan como punto de encuentro entre demanda y oferta de bienes y servicios bajo esta modalidad.

Un ejemplo paradigmático es el de la empresa californiana Uber, creada en 2009. Su actividad se basa en una aplicación que permite a sus usuarios, a través de un sistema de localización, pedir un automóvil para que un conductor le transporte de un punto a otro.

El conductor es un particular, sin relación laboral por cuenta ajena con Uber, que se ha registrado previamente en la web y que, de acuerdo con su ubicación, libremente acude a las solicitudes que se realizan a través de la aplicación.

El precio por el servicio se realiza a través de pago electrónico en la tarjeta de crédito que el usuario identificó previamente al momento de registrarse en la aplicación. Uber, por tanto, no cuenta con ningún trabajador-conductor por cuenta ajena ni vehículo propio. Pero, a cambio de su intermediación, Uber se lleva aproximadamente un 20% del total de la transacción.

Otra manifestación de esta realidad creciente, que enlaza además con la tendencia a la subdivisión del trabajo en microtask, es el de los Amazon Mechanical Turk (turkers), utilizados para realizar tareas generalmente simples y repetitivas que los ordenadores son actualmente incapaces de atender, consistentes, normalmente, en la transcripción, clasificación y generación de contenidos.

A través de la plataforma Amazon Web Services, los vendedores publican sus ofertas de HITS (tareas de inteligencia humana), tales como hacer el tagging de imágenes de productos o escribir descripciones de los mismos. Los interesados en realizar estas tareas pueden navegar entre las ofertas existentes y aceptarlas, sin formalizar relación laboral alguna, completando así la tarea encomendada a cambio de un pago monetario establecido por el ofertante.

Desde un punto de vista estrictamente laboral, nos encontramos con una plataforma digital que se presenta como simple intermediario que redirige a potenciales trabajadores por cuenta ajena a la posición de proveedores autónomos de servicios condicionados a la demanda de los clientes. La respuesta inicial, en concreto de la Inspección de Trabajo de Cataluña, en el caso de los conductores de Uber, ha sido considerarlos verdaderos trabajadores por cuenta ajena. Pero, es notorio que este nuevo fenómeno socio-económico está llamado a crecer y que su complejidad excede de las categorías tradicionales sobre las que se articula el Derecho del Trabajo vigente.

Su carácter transnacional, el debilitamiento de las notas clásicas de laboralidad, la velocidad de las transacciones, su difícil control, entre otras características, acabarán no encontrando en el ordenamiento jurídico laboral vigente –ni comunitario ni español– una respuesta completa al conflicto de intereses en juego. Sin duda, todo un reto para nuestro tiempo.

*Autores: Francisco Ramón Lacomba y Javier Molina (oficina de Valencia)

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