Hay un continente mítico en el que la naturaleza desborda la imaginación. En el que las rivalidades traspasan los campos de batalla y se instalan en las entrañas mismas de los seres vivos, hasta de los no humanos. ¿Será la Tierra Media de Tolkien?

Un continente con la historia marcada a peldaños, no siempre hacia arriba, en el que dos lenguas han encontrado dimensión universal. Un lugar donde las cosas y las palabras parecen lo que no son. Ese continente mítico y ficticio… ¿será la Tierra Media de Tolkien?, piensa  ansioso el desocupado lector. No, es la región (bueno, también vale decir Latam).

Tiene uno para sí que el ejercicio de simplificación consistente en llamar ‘la región’ al pedazo de tierra que se extiende al sur de Río Grande hasta el Cabo de Hornos es útil de vez en cuando, pero que las más de las veces propicia cierta confusión. Cuando no llama a engaño.

Aunque quizá ese mismo efecto se produce en cualquier generalización territorial (Europa, Oriente Próximo, el Sudeste Asiático…), las meras denominaciones geográficas (Sudamérica, por ejemplo) parecen desprovistas de un elemento evocador que sí encontramos en el término “la región”.

Por ello, supongo, somos tan afectos a usarlo para hablar de cualquier cosa que ocurra entre Tijuana y Ushuaia en materia de política, economía, negocios o sociología (no en deporte, curiosamente, donde a nadie se le ocurre hablar de Boca o Corinthians como el club más popular de “la región”, de Fangio o Senna como el gran ídolo del motor en “la región” o de Adhemar Ferreira da Silva o Alberto Juantorena como el atleta que puso “la región” en el tartán olímpico).

Entre otros muchos ámbitos, las rondas de negociación en los procesos de liberalización comercial (OMC en Bali, o el sempiterno Unión Europea / Mercosur) son buenos ejemplos recientes de que ‘la región’, como tal, no existe (ni está ni se le espera) y de que, como mínimo, una cordillera distinta de los Andes hace de espinazo del continente.

El creciente impacto de la iniciativa de Chile, Colombia, México y Perú al formalizar la Alianza del Pacífico nos da una buena muestra de cosas que pasan a uno de los lados de esa cordillera imaginaria. Pero lo que podría ser el gran aldabonazo “regional” sería, de confirmarse lo que se escucha en algunos mentideros, esa reinterpretación del tratado del Mercosur que permitiría abordar la negociación del acuerdo comercial con la Unión Europea desde otras bases, y no precisamente de contenidos sino de partes.

La reciente visita a Brasil del Presidente de la República Francesa, François Hollande, ha sido el palco elegido por la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, para lanzar el mensaje de que Brasil está preparado para presentar una oferta comercial a la Unión Europea… y Mercosur también (por todas, aquí una reseña del encuentro empresarial bilateral que tuvo lugar en la FIESP de Sao Paulo con presencia de los dos dignatarios).

Sobre la e remontan al Acuerdo Marco Interregional de Cooperación de 1995 (en vigor en 1999). Las negociaciones para un Acuerdo de Asociación comenzaron en 2000 pero sus escasos avances en el capítulo comercial llevaron incluso a una suspensión en 2004, que sólo se levantó en 2010 en la Cumbre entre ambos bloques celebrada en Madrid coincidiendo con la Presidencia española de la Unión Europea (más detalles aquí o aquí). Con todo, sin grandes avances hasta la fecha.

Aparentemente, Brasil, con el apoyo no disimulado de Uruguay y Paraguay, estaría por la labor de que cada uno de los Estados miembros del pacto sudamericano negociara individualmente sus propios términos comerciales con la Unión Europea. El desproporcionado peso relativo de los intereses brasileños en cualquiera de los parámetros de referencia, la estrategia de “embarrar la cancha” que se ha hecho proverbial entre los sucesivos Gobiernos de los hermanos argentinos o el incierto papel que el bloque reserva al reciente fichaje de la Venezuela bolivariana abonarían la idea de que solo a través de esta nueva estrategia se conseguirá alguna solución al atasco.

Pero no olvidemos que ello sería sólo la solución para… empezar la negociación. Una vez sentados a la mesa, el camino será largo y sinuoso como la Carretera Panamericana, pero encima por un camino lleno de agricultores franceses. O sea, cosa de otro post.

Photo credit: JR. Álvaro González / Foter.com / CC BY-NC-SA

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