Sector fintech

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1. Contexto: la revolución Fintech

El término Fintech, en un sentido amplio, hace a referencia a la aplicación disruptiva de los nuevos avances en las tecnologías de la información y comunicación al sector financiero. Son ejemplo de ello los servicios de pagos y de concesión de créditos online, los monederos digitales, el blockchain o el uso del crowdfunding para la financiación de proyectos.

Además de promover la innovación en el sector financiero, la Comisión Europea (“CE”) ha remarcado que las Fintech son una herramienta clave para reforzar la Unión de mercados de capital en Europa y mejorar los servicios financieros. Con el fin de promover las oportunidades que ofrecen las Fintech, la Comisión ha propuesto medidas para expandir los modelos innovadores y al mismo tiempo reforzar la seguridad cibernética y el sistema financiero en su Plan de Acción de Fintech del pasado 8 de marzo de 2018.

Varias autoridades de competencia han identificado las Fintech como un mercado disruptor y han publicado informes sobre este sector: en España (la CNMC y la ACCO, autoridad catalana de competencia), Holanda, Portugal, Méjico, EUA y Canadá. Asimismo, en julio de 2018, el Parlamento Europeo publicó un estudio sobre los problemas de competencia en el sector Fintech.

Otras autoridades ya han llevado a cabo acciones sustantivas. En julio de 2016, la autoridad de competencia alemana declaró contrarias al derecho de competencia las restricciones en los servicios de pago online, que no permitían hacer pagos a través de sistemas de terceros, impuestas por la Industria Bancaria alemana.

En general, las Fintech han tenido un encaje positivo por parte de las autoridades de competencia. En esta línea, el informe de la CNMC publicado el día 13 de noviembre de 2018, sugiere recomendaciones regulatorias con el fin de preservar las mejoras de la competencia y eficiencia promovidas por el fenómeno Fintech.

2. CNMC: ¿Necesidad de un nuevo enfoque regulatorio?

En su informe (disponible aquí), la CNMC analiza las oportunidades y riesgos específicos en varias aplicaciones del sector financiero: (i) sistemas y servicios de pago; (ii) tecnologías de registro distribuido, como el blockchain; (iii) asesoramiento y gestión de activos; (iv) financiación participativa (crowdfunding); y (v) en Insurtech, planteando la necesidad de reconsiderar la regulación financiera tradicional.

Entre las oportunidades de las Fintech, el estudio destaca las ganancias de eficiencia producidas por innovaciones de proceso y de producto fruto de las mismas aplicaciones, que permiten ofrecer mejores servicios y más diferenciados.

La CNMC también señala el potencial de las Fintech para promover la competencia, al poder ofrecer precios más asequibles para el consumidor y reducir los costes de transacción.

Asimismo, las Fintech pueden mitigar algunos fallos de mercado. Las Fintech permiten la entrada de nuevos competidores en el mercado, sobre todo pequeños negocios o start-ups, que no necesariamente actúan en el sector financiero. Además, el uso de plataformas incrementa la transparencia (con el fin de ganar confianza a ambos lados del mercado), reduciendo así las asimetrías de información entre el usuario y el proveedor del servicio. El aumento de la transparencia de las plataformas, junto con la verificación y vigilancia de las transacciones integrada en la propia red, en el caso de las DLTs, también reducen el riesgo moral porque mitigan los conflictos de interés ex post.

Por otro lado, la CNMC destaca los siguientes riesgos: (i) la posibilidad de que las Fintech ganen poder de mercado como resultado de los efectos de red indirectos (que conduce a dinámicas de concentración); (ii) la emergencia de nuevas cuestiones sobre el acceso a la información de datos (en particular, la posible aplicación de la doctrina de “essential facilities”); (iii) el papel de los algoritmos, que podrían facilitar conductas colusorias; (iv) la posibilidad de que las Big Techs, apoyándose en su experiencia en big data, ganen poder de mercado si expanden su mercado aguas abajo o en otras áreas, como en el sector de la publicidad online; y (iv) el efecto de una mayor competencia sobre la toma de riesgos y la estabilidad de los intermediarios financieros, que sigue siendo una cuestión abierta a debate.

La CNMC también identifica problemas en la posibilidad de discriminación de precios y la extracción de excedentes del consumidor y, por último, plantea preocupaciones de ciberseguridad.

En base a ello, la CNMC propone las siguientes recomendaciones para implementar una regulación adecuada:

  1. La regulación debe evitar frenar las innovaciones Fintech. El incremento de eficiencia resulta del aumento de competencia con la entrada de nuevos agentes en el mercado, pero también porque Fintech es una innovación per se, que permite reducir costes (innovación de proceso) y ampliar la variedad de servicios (innovación de producto).
    Además, la CNMC recuerda que “los cambios producidos por la revolución Fintech son estructurales y reflejan tendencias sociales y tecnológicas que son positivas e imparables”, y por ello, la regulación y los operadores ya instalados están abocados a la adaptación.
  2. Reevaluar la necesidad y proporcionalidad de los distintos requisitos regulatorios de entrada y ejercicio a las actividades financieras. Un ejemplo de barrera de entrada es la necesidad de implantación física (con sede y/o sucursales) y requisitos concretos de organización interna de entidades financieras. Éstas podrían reducirse aprovechando la tecnología, que permite realizar muchas de estas funciones sin presencia física, reduciendo así los costes de implantación física y organizativos. Estas innovaciones se pueden acompañar con medidas de identificación remota segura y el uso de DLTs.
  3. Deben regularse actividades, y no entidades, ya que los fallos de mercado son consecuencia de una actividad determinada y no de la forma jurídica de organización de la misma. Asimismo, la regulación debe evitar reservas de actividad que impiden que algunas entidades amplíen su abanico de servicios.
  4. La regulación debe aprovechar las nuevas tecnologías para el cumplimiento normativo (Regtech) con el fin de reducir las cargas de la actividad de regulación y supervisión. Por un lado, las autoridades pueden utilizar plataformas interoperables de código abierto y un reporte de datos automático para la supervisión. Por otro lado, las autoridades deberían regular la carga de regulación ex ante aprovechando las tecnologías que facilitan el seguimiento y control a posteriori. Por ejemplo, la posible detección de fraude con ayuda de la inteligencia artificial.
  5. Es recomendable adoptar un banco de pruebas regulatorio (sandbox) para que los modelos más innovadores puedan desarrollarse y se pueda valorar cuál es su impacto en el mercado. El sandbox permite aplicar requisitos de entrada más ligeros o nulos para determinados modelos negocio, innovadores o más pequeños, durante al menos un periodo de tiempo. Así, los reguladores pueden diseñar una respuesta regulatoria ex post que se base en el impacto real de estos proyectos.
    Este mecanismo se puede complementar con un centro de innovación que actúe como safe harbour para las empresas. Se trataría de un punto en el que los reguladores y los operadores estuvieran en contacto.
  6. Es conveniente apostar por iniciativas de “open-banking & insurance” para asegurar la aplicación de principios de neutralidad tecnológica y no discriminación, donde el acceso a datos pueda efectuarse en términos razonables. Aplicaciones como el open-banking reducen el control de los datos por parte de entidades financieras en favor de los clientes, otorgándoles mayor poder sobre el acceso de terceros proveedores a sus cuentas.

En conclusión, la CNMC, en la misma línea que la Comisión Europea y otras autoridades, reconoce el impacto positivo de las innovaciones tecnológicas del sector financiero en la competencia, en beneficio del consumidor, y sugiere el desarrollo de un marco regulatorio apropiado, que tenga en cuenta las oportunidades y los riesgos del fenómeno Fintech.

 

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