Por Ana Soto
Por Ana Soto

“Para mí, nada es más importante en el futuro que el diseño. El diseño es el alma de todo lo creado por el hombre”.

La frase no es mía. La he tomado prestada de entre las muchas reflexiones que nos dejó Steve Jobs, responsable con su equipo en Apple del cambio de rol del diseño en las prioridades estratégicas de las empresas.

Es una realidad que el diseño ha pasado de ser algo importante, pero no imprescindible, a estar en el centro de la estrategia de las marcas; de su departamento de desarrollo, pero también de los departamentos de marketing, de comunicación, comercial, de imagen corporativa. Las cosas que vendemos han de complacer en calidad, buen precio, utilidad; pero también han de ser bonitas y nos han de sorprender. Y esta diferenciación mediante el look and feel no se agota en el producto, sino que se extiende a su presentación, el lugar en él que se oferta y la imagen de su vendedor.

Estoy hablando del diseño como elemento diferenciador en todos los ámbitos de la empresa.

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“Para mí, nada es más importante en el futuro que el diseño. El diseño es el alma de todo lo creado por el hombre”. Steve Jobs.

Hemos celebrado una nueva sesión de nuestro programa de Propiedad Industrial e Intelectual, esta vez sobre el diseño, y nos ha sorprendido muy gratamente el talante innovador y abierto transmitido por el Sr. Gerardo Penas, jefe del área de diseño de la Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM), que ha testimoniado el ánimo de la OEPM de extender la protección del diseño a elementos tradicionalmente atípicos en el ámbito de este derecho, que normalmente asociamos a la apariencia de productos u obras de arte. Por compartir algunos ejemplos citados en esta sesión, puede llegar a beneficiarse de la protección del diseño, siempre y cuando posea carácter novedoso y singular:

  • la distribución de un escaparate;
  • la organización de los espacios de una tiendas, un restaurante, una habitación;
  • el conjunto ordenado de distintos elementos (por ejemplo, el paquete formado por varios productos distribuidos con determinado orden);
  • las estructuras de construcción, incluso urbanizaciones completas;
  • la planta de un diseño arquitectónico, siempre que se omitan cotas y leyendas (no así un plano arquitectónico, que estaría excluido de protección);
  • una página web;
  • los interfaces gráficos;
  • los iconos de un ordenador o un smartphone.

Esto está muy bien e incentiva la creación. ¿Y luego?

Una vez creado el elemento novedoso y singular, llamémoslo tablet, pieza de bisutería, o la organización y decoración de un restaurante de fast food, y considerado diseño, su eficiencia como elemento diferenciador en el mercado y frente a la competencia dependerá de los mecanismos que nos brinda nuestro ordenamiento jurídico para impedir la existencia de copias, clones, réplicas o imitaciones demasiado estrechas. La Ley de Propiedad intelectual, la Ley de Competencia Desleal, pero principalmente la legislación española y europea sobre marcas y sobre diseños (modelos y dibujos en la jerga comunitaria), constituyen un marco óptimo de protección para que el creador de un diseño pueda disfrutar de las ventajas de su creación e impedir intromisiones de terceros. Esta concurrencia de leyes no se produce de forma desordenada ni caprichosa, sino en una concreta cascada, de forma que cuanto mayor es la exigencia para obtener protección mayor es el grado de protección conseguido.

Me explicaré.

La Ley de Propiedad Intelectual protege el diseño durante toda la vida de su autor y más, pero sólo en el caso de que sea indiscutiblemente original. La cuestión es que no todo diseño pasa dicho test de originalidad, requisito interpretado con sumo cuidado por nuestra jurisprudencia, que además de la novedad, exige un plus de altura creativa, de valor artístico. La obra ha de sostener y transmitir la  impronta de su autor.

La siguiente vía de amparo, por orden escalonado atendiendo a la protección concedida, es la que otorga la legislación particular sobre diseño. El registro de un diseño nacional o comunitario evita, a priori, la prueba de su validez, lo que no quita el riesgo de que en sede de un procedimiento judicial, normalmente como respuesta a una acción de infracción, el tercero pretenda su nulidad invocando la falta de los requisitos de novedad y singularidad necesarios para obtener la protección del diseño como derecho de propiedad industrial. En cualquier caso, el diseño registrado permite el beneficio de la exclusividad durante un tiempo suficientemente largo atendiendo a la vida “esperada” del mismo (cinco años, prorrogables por periodos de cinco años, hasta cinco veces), durante los cuales se podrá prohibir que terceros fabriquen, comercialicen, publiciten, importen, exporten, almacenen, cualquier otro diseño que cause una impresión general similar, aún de forma casual.

Y para tranquilidad de aquellos sectores en los que no hay cultura del registro, como sucede en la moda, el diseño no registrado permite oponerse durante tres años a la copia de un tercero que no es fruto de una actividad creativa independiente del diseño original.

Más allá de lo anterior, existen otras vías de protección, como por ejemplo la tan socorrida Ley de Competencia Desleal, pero partiendo que dicha Ley recoge como máxima que la imitación es libre, su utilidad al amparo del diseño dependerá de la concurrencia de otros actos desleales.

En este escenario, ¿qué más se puede pedir?. Mi particular opinión es que los mecanismos de nuestro ordenamiento jurídico de protección del diseño son adecuados. Ahora bien, como todo en nuestro derecho, la eficacia de dichos mecanismos está estrechamente relacionada con la eficiencia de las vías de solución –penal y civil- que dispone el ordenamiento jurídico para paliar conductas infractoras y reparar los daños causados al titular del diseño original. Y este trabajo no es sólo responsabilidad de nuestros jueces, sino que es necesario que los líderes en creatividad e innovación confíen en la eficacia de las leyes y acudan a los juzgados en contra de quienes se están beneficiando injustamente de sus inversiones e iniciativas. En caso contrario –y nuevamente me atrevo a opinar- los sistemas de protección que establecen nuestras leyes se mantendrán en el “progresa adecuadamente”.

Hasta muy pronto

Photo credit: [DavidDennis DavidDennis] / Foter.com / CC BY-SA

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