El sector de la distribución viene experimentando desde hace algún tiempo distintas maneras de contener costes salariales y abrir sus puertas en horarios comerciales más amplios, sin que ello haya supuesto necesariamente reducir salarios. Cinco años después de la reforma laboral, podemos afirmar que, confirmadas estas prácticas por los Tribunales, la tendencia hacia la flexibilidad horaria es una cuestión irreversible.

La Ley 12/2012, de Dinamización Comercial en la Comunidad de Madrid, marcó un antes y un después en la vida de la capital. Fue una medida polémica por tener que pasar de trabajar de 17 a 37 domingos (más de la mitad de los fines de semana al año) y por las dificultades que acarrea desde el punto de vista de la conciliación de la vida laboral y familiar. Sin embargo, lo cierto es que es un hecho que ha contribuido a la creación de empleo y al incremento de las ventas. Grandes cadenas de distribución confirman que el domingo se ha convertido en el segundo día de mayores ventas de la semana, lo que demuestra que la sociedad es quien está demandando este tipo de cambios.

Las normas laborales vigentes no han sido un obstáculo insalvable para adaptarse a esta mayor amplitud horaria y ello merced a la reforma laboral que entró en vigor en 2012 y que facilitó, por vía de la modificación sustancial de condiciones laborales en supuestos de concurrencia de causa económica, técnica, organizativa o de producción, alterar los elementos esenciales del contrato de trabajo, obligando a las plantillas a trabajar los sábados o domingos. Se pone así de manifiesto que los modelos de trabajo evolucionan en una tendencia imparable hacia la flexibilidad horaria en los tiempos de prestación de trabajo y liberalización de horarios. Aunque pueda resultar una verdad incómoda, no parece que ésta sea una cuestión reversible, sino todo lo contrario, que ha llegado para quedarse.

Ahora bien, esta medida no es exclusiva del sector de la distribución, sino que, a modo del efecto de bola de nieve, requerirá también cambios en otros sectores de alimentación (industria o servicios), vinculados a éstos.

Pensemos en el sectores tales como el de cítricos, industrias cárnicas, manipulado de verduras, o cualquier otro especializado en productos frescos y perecederos o su suministro, que abastecen mercancía a los supermercados el domingo para que el cliente pueda disponer de fruta o verdura fresca a primera hora del lunes. Ello permite a la cadena de distribución ahorrar en stock; mientras que por el contrario, exige a la industria alimentaria trabajar el fin de semana y sufragar el coste de horas extraordinarias.

Cada vez más, las grandes superficies exigen contar con productos frescos en sus establecimientos en los albores del primer día de la semana, lo que genera tensiones financieras y de gestión de plantillas en los distintos proveedores. Frente a esto, la reforma laboral ha demostrado que ofrece un amplio abanico de medidas útiles para adaptar las condiciones laborales a los cambios del mercado.

Las experiencias relatadas permiten abrir el horizonte y trasladar en otros ámbitos medidas de flexibilidad horaria que parecen ya consolidadas en el sector de la distribución. Estas prácticas sirven de aprendizaje a las empresas que quieran cambiar para lograr nuevos resultados, siendo conscientes de que las medidas deben orientarse hacia el tiempo y la forma en que se desarrolla el trabajo, el rendimiento y la productividad, donde todavía queda mucho recorrido.